
“Frente al espejo del baño mohoso de su departamento, Urrutia se puso el parche negro cubriendo el ojo izquierdo. Con el otro ojo al descubierto pestañó. Recordó el consejo de su tía Berta: en reuniones importantes no hables si no te lo piden, sólo sonríe. Es el jugo en juego. Siempre decía cosas así su tía. ¿Lo del jugo en juego? Una estupidez sin sentido.” (Luis Valenzuela Prado)
Publicada alguns anos atrás, em 2008, a coletânea de contos El futuro no es nuestro, organizada pela extinta revista literária Pie de página, abre um caminho lindo para a nova narrativa curta latino-americana. Reúne autores nascidos entre 70 e 80, em busca de vontades, loucuras e decepções de uma geração saída desse nosso continente irregular, diverso, e tão irmão na orfandade de uma história mais justa.
No meio dessa variada e bem-aventurada seleção, estão gente como Roberto Martínez Bachrich, venezuelano de quem recentemente lemos o necessário Las guerras íntimas, o chileno Luis Valenzuela Prado, com Silencios en la fiesta, e Inés Bortagaray, a quem conhecemos por sugestão de Gonzalo Deniz (Franny Glass).
Para ler e passar adiante.

